He he he al fin es sábado! En unas horas nos embarcamos rumbo a la IV región, igual me estresa viajar con mis terremotos, ninguno de los dos aguanta en su lugar más de 15 minutos sin pedir algo, pararse, querer ir al baño, cambiarse de lugar entre ellos, con nosotros o...con el chofer del bus (Renato).
Aunque lleve juguetes o cualquier cosa que pueda entretenerlos, nada sirve cuando viajamos en bus, en auto es peor porque Renato sufre y se autoflagela por no poder ir manejando, y sus lamentos y gritos hacen de cualquier trayecto una tortura.
Lo único que ambos aceptan bien es el metro, probablemente porque el ruido ensordecedor mientras va de estación en estación, aplaca cualquier intento de berrinche, y porque ambos disfrutan de la atención del resto, les gusta bailar y hacerse los lindos con un público cautivo.
Los viajes en micro son mini caos, dependiendo del estado de animo de ambos y de la cantidad de sencillo que lleve conmigo y los vendedores que suban. Afortunadamente cada vez son menos las veces que me he visto cara a cara con un vendedor que se para justo a mi lado para tentar aún más a mi par de enanos consumidores.
Cuando vamos a pie a algún lado, aveces llevo el coche y otras no, por lo corto del trayecto, llevo a Renato de la manito, aunque tenga que encorvarme vale la pena, él lo disfruta y llega cansado a casa, bajando su nivel de hiperactividad, el problema es Vicente que se impacienta por lo lento de su hermanito y se adelanta, se devuelve, vuelve a adelantarse, nos espera, se devuelve, y así termina caminando el triple de lo que se supone y llega igual de cansado que Renato. Por eso me encanta llevarlos a caminar donde sea xD
Viajar con mis niños es una experiencia para valientes, sin kilos de paciencia ya estaría calva del estrés, pero con una madre que crió a 6 locas y viajaba con todas en micro, taxi, metro, bus, avión, barco y bote, es mi ejemplo a seguir, y afortunadamente heredé su paciencia y sus ganas de criar niños al aire libre, ella es una gran amiga y una abuela, que aunque malcriadora, no cambiaría por nada.
Viajar con niños es algo que siempre tiene su riesgo, pero vale la pena. Al llegar a destino el alivio es inmediato :P
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