Hace 10 años, era una joven y alocada pululando en el mundo, media otaku, medio tonta lesa, vinculándome con nuevos amigos a través de redes sociales, ahí fue que conocí a la comunidad de AEA (a esto aspiramos) una página de jovenes amormonados como yo lo era entonces.
Fue en ese lugar virtual en que conocí al padre de Vicente, y a varios loquitos, unos buenos y otros no tanto, como por ejemplo a la loquita de la que he hecho referencia antes.
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