lunes, 7 de noviembre de 2011

Nadie nace sabiendo...

Esa frase la he escuchado muchas veces a lo largo de la vida, gente que debe adaptarse a nuevas situaciones personales, especialmente la paternidad, y que usan como defensa de eventuales errores, puede que sea verdad, nadie nace sabiendo nada, somos los seres más indefensos de la naturaleza al momento de nacer, totalmente dependientes por bastante tiempo, caminamos pasados los 12 meses, no hablamos, no podemos procurarnos solos el alimento hasta ya avanzados en edad, etc etc, así que es plausible esa excusa, mas no se debe abusar, nadie nace sabiendo, pero se puede aprender, se puede intentar una y otra vez, si existe verdadero interés e intención en lograr una meta. Constantemente en nuestros primeros años logramos mucho, pero lo olvidamos, lo minimizamos, no apreciamos el propio esfuerzo en aprender, hay pocas cosas más emocionantes y maravillosas que ver a un niño dando sus primeros pasos después de haber intentado muchas veces, de haber caído y vuelto a levantarse, si un niño de un año es capaz de eso, si ya nosotros fuimos capaces de eso ¿Por qué limitarnos y no intentar cosas nuevas ya siendo mayores? La mediocridad es un problema generalizado, la flojera, el dejarse estar, el no intentar por miedo al fracaso, dentro de una sociedad que te exige ser exitoso, hace que muchos dejen de intentar y se conformen, yo misma he sido conformista mucho tiempo, y lo reconozco, pero también soy capaz de reconocer que mientras haya un mañana, se puede lograr lo que soñaste hoy.

En mi caso, obviamente no nací sabiendo ser mamá, que es sin duda el rol que más me define y encanta ostentar en estos momentos, he cometido errores, he sido consentidora y poco firme al momento de disciplinar, pero se que puedo ser mejor, que aun puedo lograr que mi hijo sea un buen hombre, que aprenda a aceptar y superar las frustraciones que por demasiado tiempo le he evitado, se también que sus berrinches disminuirán mientras tenga mayor capacidad de expresar lo que siente, que aunque le dedique menos tiempo del acostumbrado, no se perderá la rica relación que hemos construido por 3 hermosos años, a la vez que yo podré retomar mi desarrollo personal, dejado de lado por propia decisión al dedicarme a cuidar a mi pequeño nacido con A.P.L (alergia a la proteína de leche de vaca), muchos me dicen que esa opción en mi vida me hace admirable, yo no lo creo, fue solo una opción tomada en base al amor, quedarme con él y cuidarlo, como también pude haber decidido dejarlo al cuidado de alguien de confianza mientras trabajaba y le procuraba el dinero necesario para su tratamiento, el amor, creo, hubiese sido el mismo, además no todas las madres contamos con familias contenedoras y la opción de trabajar desde casa, no quiero restarme meritos, pero creo que en esta oportunidad fui muy afortunada, y eso me hace ser más agradecida y apreciar de verdad el esfuerzo de tantas otras que, como yo, no nacimos sabiendo, aprendemos en el camino a ser madres, padres, hijos, abuelos, hermanos, jefes, empleados, alumnos, todos debemos en algún momento adaptarnos a hacer algo nuevo, siempre hay una primera vez para todo, realmente siento que somos tan afortunados por eso, cada día es una nueva oportunidad de aprendizaje, una nueva oportunidad de caer y volver a levantarnos con más ímpetu, no quedarnos en la intenciones, la gente feliz no es feliz simplemente porque si, lo es porque ha aprendido que las caídas son tan necesarias como el volver a intentar, muchas veces he escuchado que somos diamantes en bruto, y para que ese diamante llegue a ser brillante y perfecto, debe pasar por el fuego, y ser pulido mucho tiempo, y ese proceso puede ser doloroso, no hay duda, pero lograremos llegar a la meta brillantes y hermosos, quizás no por fuera, pero definitivamente, si por dentro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario